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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Capítulo dieciséis.

No pegué ojo en toda la noche pensando en el concierto y sobretodo en cómo iba a salir la grabación de mi disco. Sony Music me llamó el día del concierto para avisarme de que estaba todo preparado para grabar y hacerme las fotos para el disco al día siguiente-o sea, hoy-. Mandé un whatsapp a Elena y a Pedro para que me acompañasen desde casa y grabar junto Elena.

Repasé cada canción varias veces cambiando un par de palabras y alguna parte del ritmo que no sonaba al compás de la letra-los cambios de última hora eran fundamentales-. Las únicas canciones que no cambié fueron las de Pedro y la mía con Elena, estaban perfectas tal cuál las dejamos. Limpié mi guitarra con un trapo seco y preparé la ropa que me iba a poner, nada elegante: una camiseta blanca lisa y unos pantalones negros vaqueros –mis favoritos-. Me gustaba esa combinación a pesar de nunca habérmela puesto en ninguna ocasión. Cogí mi móvil y entré directamente a twitter. Las notificaciones estaban a rebosar después del concierto, pero con la emoción no pude decir nada y ahora era tarde, asique me fijé en el perfil de Malú y al ver el <te sigue> se me paró el corazón. En su último tweet me mencionaba. Le di retweet y citándolo la respondí: “Muchísimas gracias por hacer esto posible, quién me diría a mí  que serías tú mi puerta a la música…. Nunca sabré recompensarte todo esto, pero lo haré.”

Sonó el timbre. Elena y Pedro habían llegado e íbamos justos de tiempo. Cogí mi guitarra y me fui a por el coche para llevarles.

-¿Nervioso?-preguntó Pedro.

-Con vosotros aquí no mucho, pero a ti se te ve más nerviosa aún-dije girándome hacia Elena mientras conducía.

-¿Qué? Ah, sí, bueno, nunca he estado en un estudio de grabación y mucho menos he cantado nunca profesionalmente.-suspiró-Es normal que esté algo nerviosa.-Entonces Pedro la cogió de la mano y la dio un beso furtivo. Me quedé impactado.

-¿Desde cuándo…?-dije con la voz temblorosa.

-Desde el concierto. Cuando subiste al escenario Elena y yo nos miramos y nos sentimos como dos críos pequeños, entonces la besé al compás de tu voz y…. estoy sonando muy cursi.

-Por eso cuándo fui a miraros no estabais…-les miré-Pillines…-nos reímos.

-¿Falta mucho?-dijo Elena desviando el tema.

-Media hora, ¿ponemos algo de música?

-¿Qué tienes?

-Coge los discos, están en el asiento del copiloto.-Pedro cogió los discos y los examinó uno a uno.

-El canto del loco…, Pablo López…, Pink…, elige tú Elena, a mí me da igual.-dijo riéndose él solo.

-Camila.

Me sabía la mitad de las canciones del disco, no tantas como debía saberse Elena que estuvo cantando durante todo el rato. Cuando se acabó la última canción y empezó la primera de nuevo, ya habíamos llegado.

 

El estudio estaba bastante apartado de la población activa, apenas se podían visualizar dos o tres chalets a la distancia y alguna que otra persona caminando. Era un edificio de tres plantas, a mí me tocaba subir hasta la segunda. Aparcamos el coche y entramos. Tenía puertas giratorias y al entrar había un salón con sillones en todas las esquinas. Subimos y nos encontramos a todo el equipo.

-¡Por fin!-me dijo el productor.-Empezaremos grabando para que no tengas la voz cansada y al final te haremos las fotos. El guitarrista se llama Jorge, el pianista Pedro, la corista Ana y el batería Álex. El fotógrafo vendrá dentro de una hora para preparar el decorado y la cámara.

-¿Empezamos? Estoy ansioso-dije a Alberto (el productor).

Me coloqué tras el cristal delante del micrófono. A mi lado había otro igual para cuando le tocara a Elena cantar.

La primera canción me salió del tirón, llevaba cantándola desde el videoclip. A la segunda tuve problemas con la afinación y tuvimos que repetirla varias veces, aparte de grabarla en dos partes. Así hasta la quinta. Tardamos una hora y media para grabarlas y ya estaba cansado. Hicimos un pequeño descanso aprovechando para hablar con Alberto.

-¿Cuál era la sorpresa que me dijiste por teléfono?

-Lo sabrás a la séptima, sé que te gusta.

-Esa es la de Pedro…-dije confuso-¿Voy a cantarla con él? Te aviso que cantar no es una de sus virtudes…

-Por ahí van los tiros… pero te falla lo más importante…

-¿El qué?

-La persona. ¡Volvamos al trabajo!-dijo sin darme tiempo a responder.

La sexta se me hizo un mundo, tuve fallos con la letra que nunca antes había tenido y la cortamos en cuatro partes. Fue un tremendo desastre, ni siquiera se me veían fuerzas en la voz, y no era por cansancio, si no por los nervios de la séptima. Pedro no quiso contármelo cuando le pregunté y me estaba volviendo loco.

Acabé por centrarme y enfadarme conmigo mismo consiguiendo cantarla de una vez y sin ningún tipo de error. Me enorgullecí de mí mismo y de mi carácter impropio de mí.

Dimos por terminada la sexta y cuando vi entrar a mi acompañante en la séptima me debí quedar babeando. Era…