Repasé cada canción varias veces cambiando un par de palabras y alguna parte del ritmo que no sonaba al compás de la letra-los cambios de última hora eran fundamentales-. Las únicas canciones que no cambié fueron las de Pedro y la mía con Elena, estaban perfectas tal cuál las dejamos. Limpié mi guitarra con un trapo seco y preparé la ropa que me iba a poner, nada elegante: una camiseta blanca lisa y unos pantalones negros vaqueros –mis favoritos-. Me gustaba esa combinación a pesar de nunca habérmela puesto en ninguna ocasión. Cogí mi móvil y entré directamente a twitter. Las notificaciones estaban a rebosar después del concierto, pero con la emoción no pude decir nada y ahora era tarde, asique me fijé en el perfil de Malú y al ver el <te sigue> se me paró el corazón. En su último tweet me mencionaba. Le di retweet y citándolo la respondí: “Muchísimas gracias por hacer esto posible, quién me diría a mí que serías tú mi puerta a la música…. Nunca sabré recompensarte todo esto, pero lo haré.”
Sonó el timbre. Elena y Pedro habían
llegado e íbamos justos de tiempo. Cogí mi guitarra y me fui a por el coche
para llevarles.
-¿Nervioso?-preguntó Pedro.
-Con vosotros aquí no mucho, pero a
ti se te ve más nerviosa aún-dije girándome hacia Elena mientras conducía.
-¿Qué? Ah, sí, bueno, nunca he estado
en un estudio de grabación y mucho menos he cantado nunca
profesionalmente.-suspiró-Es normal que esté algo nerviosa.-Entonces Pedro la
cogió de la mano y la dio un beso furtivo. Me quedé impactado.
-¿Desde cuándo…?-dije con la voz
temblorosa.
-Desde el concierto. Cuando subiste
al escenario Elena y yo nos miramos y nos sentimos como dos críos pequeños,
entonces la besé al compás de tu voz y…. estoy sonando muy cursi.
-Por eso cuándo fui a miraros no
estabais…-les miré-Pillines…-nos reímos.
-¿Falta mucho?-dijo Elena desviando
el tema.
-Media hora, ¿ponemos algo de música?
-¿Qué tienes?
-Coge los discos, están en el asiento
del copiloto.-Pedro cogió los discos y los examinó uno a uno.
-El canto del loco…, Pablo López…,
Pink…, elige tú Elena, a mí me da igual.-dijo riéndose él solo.
-Camila.
Me sabía la mitad de las canciones
del disco, no tantas como debía saberse Elena que estuvo cantando durante todo
el rato. Cuando se acabó la última canción y empezó la primera de nuevo, ya
habíamos llegado.
El estudio estaba bastante apartado
de la población activa, apenas se podían visualizar dos o tres chalets a la
distancia y alguna que otra persona caminando. Era un edificio de tres plantas,
a mí me tocaba subir hasta la segunda. Aparcamos el coche y entramos. Tenía
puertas giratorias y al entrar había un salón con sillones en todas las
esquinas. Subimos y nos encontramos a todo el equipo.
-¡Por fin!-me dijo el
productor.-Empezaremos grabando para que no tengas la voz cansada y al final te
haremos las fotos. El guitarrista se llama Jorge, el pianista Pedro, la corista
Ana y el batería Álex. El fotógrafo vendrá dentro de una hora para preparar el
decorado y la cámara.
-¿Empezamos? Estoy ansioso-dije a
Alberto (el productor).
Me coloqué tras el cristal delante
del micrófono. A mi lado había otro igual para cuando le tocara a Elena cantar.
La primera canción me salió del
tirón, llevaba cantándola desde el videoclip. A la segunda tuve problemas con
la afinación y tuvimos que repetirla varias veces, aparte de grabarla en dos
partes. Así hasta la quinta. Tardamos una hora y media para grabarlas y ya
estaba cansado. Hicimos un pequeño descanso aprovechando para hablar con
Alberto.
-¿Cuál era la sorpresa que me dijiste
por teléfono?
-Lo sabrás a la séptima, sé que te
gusta.
-Esa es la de Pedro…-dije confuso-¿Voy
a cantarla con él? Te aviso que cantar no es una de sus virtudes…
-Por ahí van los tiros… pero te falla
lo más importante…
-¿El qué?
-La persona. ¡Volvamos al
trabajo!-dijo sin darme tiempo a responder.
La sexta se me hizo un mundo, tuve
fallos con la letra que nunca antes había tenido y la cortamos en cuatro
partes. Fue un tremendo desastre, ni siquiera se me veían fuerzas en la voz, y
no era por cansancio, si no por los nervios de la séptima. Pedro no quiso
contármelo cuando le pregunté y me estaba volviendo loco.
Acabé por centrarme y enfadarme
conmigo mismo consiguiendo cantarla de una vez y sin ningún tipo de error. Me
enorgullecí de mí mismo y de mi carácter impropio de mí.
Dimos por terminada la sexta y cuando
vi entrar a mi acompañante en la séptima me debí quedar babeando. Era…